El pasado viernes 20 de noviembre, el salón de actos de la Parroquia acogió una conferencia de Guzmán Carriquiry sobre el tema “El pontificado del Papa Francisco. La sorpresa de Dios”,
Y debemos comenzar diciendo que pocas veces una parroquia de barrio como la nuestra tiene la oportunidad de poder acoger y compartir unas horas con una personalidad como Guzmán Carriquiry Lacoeur.
Nacido en Montevideo, Uruguay, en 1944, trabaja desde hace 40 años al servicio de la Santa Sede.
Ha sido colaborador de Pablo VI, de San Juan Pablo II, de Benedicto XVI y ahora del Papa Francisco, primero en el Consilium dei Laicis y después en el Consejo Pontificio para los Laicos. También fue el primer laico que fue nombrado “Jefe de Departamento”, por parte de Pablo VI, y también el primer laico nombrado “SubSecretario” en un dicasterio de la Santa Sede, por parte de San Juan Pablo II.
En mayo de 2011 fue designado por Benedicto XVI Secretario de la Comisión Pontificia para América Latina, cargo que desde 2014 compagina con el de Vicepresidente de dicha institución, por nombramiento del Papa Francisco, siendo también, en ambos caso, el primer laico a ocupar este nivel de responsabilidad en la Santa Sede.
Ha participado como experto por designación pontificia, en cuatro Asambleas Generales del Sínodo Mundial de Obispos (sobre la evangelización en el mundo contemporáneo, sobre la familia, sobre los laicos, sobre la Iglesia en América), y ha sido miembro de Delegaciones de la Santa Sede a numerosas Conferencias mundiales de las Naciones Unidas.
Pero, además, Guzmán Carriquiry ha tenido la fortuna de disfrutar de la amistad de Jorge Bergoglio desde mucho antes de que fuera elegido Papa, por lo que se conocimiento del personaje, de sus intenciones y de la finalidad de su trabajo, son singularmente interesantes.
Por eso, el objeto de su conferencia era ¿qué mensaje nos ha traído el Papa Francisco? ¿Cuál es la sorpresa que nos ha dado Dios colocándolo a la cabeza de la Iglesia?
Nos lo explicó con una oratoria magnífica, vibrante, apasionada y precisa, que hizo que el tiempo de su escucha transcurriese veloz. Este fue su contenido principal.
Jesús sale a nuestro encuentro
El Papa quiere centrarnos en lo esencial de la Buena Noticia: el cristianismo es, sobre todo, el acontecimiento de que Jesús sale a nuestro encuentro por obra del Espíritu Santo.
Por eso Francisco quiere sacarnos de nuestra tendencia a un cristianismo formal, apegado a formas y ritos y en el que abundan los cristianos escépticos, abatidos y tristes porque han perdido la esperanza.
En este sentido, el Papa nos invita a una reforma de la Iglesia por fidelidad al Cristianismo. Esta reforma debe empezar desde arriba, desde las primeras instancias de la Curia, y luego seguir bajando hacia los pastores, diáconos y el resto del pueblo de Dios.
En esta misión, el Papa nos ofrece y nos pide un triple apoyo, una triple trascendencia:
1. La oración
La misión de la Iglesia está basada en la gracia de Dios, por eso requiere del pulmón de la oración para poder sustentarse y desarrollarse.
2. La comunión con Dios en el seno de la Iglesia
Solo la belleza de Dios fascina y atrae. Por eso la misión de la Iglesia debe basarse en la fuerza de atracción de la belleza del testimonio personal y comunitario de los cristianos.
3. La compenetración con la alegría y el sufrimiento del pueblo de Dios
El Papa nos pide estar siempre cercanos a nuestros hermanos, porque la pasión por Jesús lo es también por su pueblo.
El Evangelio es una revolución de ternura. Por eso el Papa sueña con una opción misionera capaz de transformarlo todo: que la Misión sea el paradigma de todo el trabajo de la Iglesia.
Una Iglesia al encuentro de los otros
Para llevar a cabo esa misión, el Papa quiere una Iglesia desprendida de todo refugio de autocomplacencia.
La nueva Iglesia no es nueva por su propia iniciativa, sino por Cristo. Y Cristo siempre salió al encuentro de los que le necesitaban.
Por eso la misión se dirige especialmente hacia los que se han alejado de la Iglesia, que, tristemente, son más de los que se han quedado. La Iglesia debe acercarse a las periferias existenciales del pensamiento, de las miserias humanas. Salir al encuentro de los otros sin excluir a nadie y sin precondiciones.
El camino de la misión es salir a mar abierto en unos tiempos de cambio que presentan tremendos desafíos, pero sabiendo que el espíritu de Dios es el protagonista de la evangelización y nos precede.
Es el tiempo de la misericordia
Por eso, a las tres trascendencias anteriores, se puede unir una cuarta, la de conversión.
Eso implica salir al encuentro de los otros con una mirada llena de misericordia, sabiendo que los pecadores somos testigos de la misericordia de Dios y que Jesús no empleó sus tres años de vida pública quejándose de los males de su tiempo, ni condenando a nadie, sino salvando a todos.
Este es el gran tiempo de la misericordia. El 8 de diciembre se abre el año de su gran jubileo. Y esta misericordia debe alcanzar especialmente a los pobres y a los necesitados.
Igual que el buen samaritano se detuvo a ayudar al necesitado, la Iglesia debe ser el hospital de campaña de los necesitados. Pero, cuidado, no como una ONG meramente asistencial, porque la Iglesia no es eso, sino conviviendo con los necesitados y compartiendo sus propias miserias. Los pobres son la segunda Eucaristía del Señor y nosotros seremos juzgados por lo que hicimos por ellos.
Los cristianos estamos llamados a grandes tareas
El Papa recuerda las guerras que sufre el mundo y las persecuciones que sufre la Iglesia, la crisis de los emigrantes, las desigualdades sociales y el ataque a la familia, la idolatría del dinero y del poder.
Por eso nos insiste en que los cristianos estamos llamados a grandes tareas para promover y custodiar la vida y la libertad.
Esa tarea tan grande no puede llevarla adelante el Papa solo, es tarea de toda la Iglesia, empezando por su cabeza, que a veces pone más dificultades que los propios fieles, sacudiendo después las vidas de religiosos y religiosas, de laicos y seglares.
Para esa tarea es necesaria una Iglesia llena de ternura, cercana a los que sufren, que necesita de la oración, porque el Evangelio no desencadena un nuevo movimiento sin ponerse de rodillas a orar.
¿ Cómo es el Papa Francisco ?
Concluida la conferencia, se abrió un turno de preguntas, por parte de los asistentes.
Entre ellas hubo varias que se interesaban por la persona del Papa, por sus hábitos y forma de ser, y de las respuestas del Dr. Carriquiry extraemos estos rápidos trazos:
El Papa madruga mucho. Se levanta a las 4,30 y dedica dos horas a la oración antes de oficiar la Santa Misa en su capilla privada. Todo su ministerio comienza de rodillas, en oración.
Según Carriquiry, los ejercicios espirituales ignacianos forjaron una gran disciplina espiritual en el Papa, ayudándole a ponerlo todo a la luz de la voluntad de Dios. Su discernimiento está centrado en Dios.
Seguramente por eso el Papa está siempre en paz “Me gusta ser el Papa”, ha dicho. Y sin duda se le nota. Aunque él solo se considera un pobre pecador en el que Dios ha puesto su mirada misericordiosa.
Aunque tiene un núcleo de colaboradores cercanos, el Papa toma las decisiones solo. Es un hombre solo.
Todos los días reza el Rosario y hace una hora de Adoración.
Le gusta hacer la siesta, porque como dijo alguien, es amanecer dos veces.
El acto concluyó con un Avemaría por las intenciones del Papa.
Para los que no pudisteis asistir, y os interese conocer algo más del Dr. Carriquiry, Aquí os dejamos el enlace a una entrevista con él.

