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La  nueva  edición  del  Misal  Romano

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El Domingo  5  de  Marzo se inicia la utilización de la nueva edición del Misal, o sea “el Libro de Altar”.

No se puede hablar de un “nuevo Misal” si no de la nueva edición, la tercera del Misal de Pablo VI, cuya primera edición tuvo lugar en 1970 e incluía toda la reforma litúrgica contenida en la Sacrosanctum  Concilium , del Concilio Vaticano II.

En el año 2002 apareció la versión latina de esta tercera edición y se han tardado estos casi 15 años para obtener una traducción española cuidada y fiel a la tradición litúrgica.  No vamos a encontrar muchos cambios, porque ya en el 2005 se publicó, por la Conferencia Episcopal, la Ordenación General del Misal Romano y con ella nos hemos estado rigiendo en nuestras celebraciones; no obstante, iremos desgranando cada una de las disposiciones para mejorar su entendimiento y así vivir más plenamente la celebración eucarística.

Se introducen las Misas de algunos de los santos recientemente canonizados y cuya memoria se celebra en toda la Iglesia.

Se añaden algunas Oraciones para el Tiempo de Cuaresma, Pascual o las celebraciones de la Virgen. Se incluyen dos nuevas Misas para las Vigilias de las Solemnidades de Epifanía y la Ascensión del Señor. El cambio más llamativo puede ser el de las palabras de la Consagración del vino: el texto latino dice “… pro vobis et pro multis…”; hasta ahora se decía “….por vosotros y por todos los hombres…” y a partir de ahora se dirá “…por  vosotros y por muchos….”

Los cambios más importantes ya estaban en la primera edición de 1970:  la lengua viva, el altar cara al pueblo, mayor participación de la comunidad en diálogos y aclamaciones, recuperación de la homilía, de la oración de los fieles, la concelebración, el Leccionario más rico, la posible comunión bajo las dos especies, la variedad de las Plegarias Eucarísticas…..

 

LA “INSTITUTIO” DEL MISAL

Los Libros Litúrgicos, que han ido apareciendo después del Vaticano II, tienen una característica: como introducción al cuerpo del libro presentan los “Prenotandos”, o lo que en el caso del Misal son los “Principios y Normas” para la celebración de la Eucaristía.  En cada nueva edición de los Libros Litúrgicos  la Congregación para el Culto Divino introduce los cambios que sugieren la experiencia o una mayor reflexión teológica o pastoral o una nueva legislación.  Algunas de estas modificaciones tienden a simplificar algunos ritos.  Su finalidad es siempre la de favorecer la mejor participación de la comunidad en una celebración profunda del Misterio que se celebra.

Ahora, además de una serie de normas, tenemos auténticos directorios teológico-pastorales que nos dicen no sólo “cómo” celebrar, sino también “qué” y “por qué” y “para qué” celebramos .  O sea, nos dan también la teología y la finalidad espiritual de nuestra celebración

 

PRINCIPIOS TEOLÓGICOS BÁSICOS DE LA “INSTITUTIO”

Esta edición de la “Institutio”, sin presentar cambios sustanciales en relación a ediciones anteriores , subraya algunos de los aspectos teológicos hablando  de la liturgia  y de la Eucaristía.

a)   Expresa el protagonismo de Dios Trino en la celebración, mencionando al Espíritu Santo (nn 16, 56 y 78) además de en la Epíclesis de la Plegaria Eucarística (n 79).

b)   Está muy explícito lo que se refiere a la presencia real del Señor resucitado: (n 27). “En la celebración de la Misa, en la cual se perpetúa el sacrificio de la cruz, Cristo está realmente presente en la misma asamblea congregada en su nombre, en la persona del ministro, en su Palabra y ciertamente de una manera sustancial y permanente en las especies eucarísticas”.

c)   La relación de la Eucaristía con el Misterio Pascual de Cristo del que es memorial y actualización. El n.2 recuerda que Cristo “instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar a su Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección”.

d)   También queda destacada la convicción de que es toda la comunidad la que celebra, como pueblo sacerdotal de bautizados, bajo la presidencia del sacerdote que hace las veces de Cristo.

 

ACTITUDES SUBRAYADAS EN LA NUEVA EDICIÓN DEL MISAL

Hay algunas actitudes pastorales y espirituales que en la nueva edición del Misal aparecen más subrayadas que antes para que nuestra celebración sea en verdad  provechosa.

a)    La importancia del silencio a lo largo de la celebración.  Se recomienda observar unos breves momentos de silencio después de cada Lectura, para que “con la gracia del Espíritu Santo, se perciba en el corazón la Palabra de Dios y se prepare la respuesta a través de la oración”; en el acto penitencial, después de la Oración o prolongar un clima de recogimiento después de la Comunión.

b)    El respeto a lo sagrado.  Se nota claramente la preocupación para que todo se realice con sumo respeto, superando una excesiva “familiaridad” que se haya podido introducir.   Ante todo, para la Palabra, en la proclamación del Evangelio.  El Misal invita repetidamente que se veneren el Evangeliario y el Leccionario. Al hablar de la Comunión, dice que “a los fieles no les es lícito tomar por sí mismos ni el pan consagrado ni el Cáliz, y menos aún pasárselos entre ellos”.

También se acentúa el carácter sagrado de la celebración.  Así a la palabra “asamblea” se le añade “sagrada” o “litúrgica”; los “ministros” son “sagrados”;  el sacerdote “preside la asamblea” o “preside la celebración o la Eucaristía”.  Todo esto quiere evidenciar que aquí se trata, no de una comunidad meramente humana, sino de unos fieles enriquecidos con el sacerdocio bautismal y celebran un Misterio sobrenatural.

c)    Es notable la importancia que la actual edición da a la belleza y la estética que deben acompañar a la celebración eucarística.

d)    Esta “Institutio” pide a los ministros equilibrio y moderación en los varios momentos de la Eucaristía, de modo que las celebraciones no sean monótonas, frías o incoloras, sino participadas, festivas por el canto y la belleza; no precipitadas, sino con ritmo sereno; no deben ser caprichosas, desproporcionadas e interminables.

e)    También insiste en la recomendación de flexibilidad y adaptación de la celebración de acuerdo con la sensibilidad de cada región o comunidad.

 

IMPORTANCIA Y DIGNIDAD DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

La celebración de la Misa, como acción de Cristo y del pueblo de Dios ordenado jerárquicamente, es el centro de toda la vida cristiana para la Iglesia, universal y local, y para todos los fieles individualmente, ya que en ella se culmina la acción con que Dios santifica al mundo en Cristo, y el culto que los hombres tributan al Padre, adorándole por medio de Cristo, Hijo de Dios, en el Espíritu Santo.  Además, de tal modo se recuerda en ella los misterios de la Redención, a lo largo del año, que, en cierto modo, se nos hacen presentes.  Todas las demás acciones sagradas y cualesquiera de la vida cristiana se relacionan con ella, proceden de ella y a ella se ordenan.

Como vemos en esta definición según la OGMR (Ordenación General del Misal Romano), en la que hemos incluido su numeración correspondiente, la Eucaristía es algo más que un asunto de derecho o rúbricas (normas).  Pone de relieve la acción salvadora del Dios Trino y afirma que es la actualización del misterio salvador de la Pascua de Cristo Jesús.

Es, por tanto, de sumo interés que de tal modo se ordene la celebración de la Misa o Cena del Señor que ministros sagrados y fieles, participando cada uno según su condición, reciban de ella con más plenitud los frutos para cuya consecución instituyó Cristo el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre y confió este sacrificio, como memorial de su pasión y resurrección, a la Iglesia, su amada Esposa.

Aquí se especifica la finalidad pastoral de esta ordenación de la Misa: que todos puedan recibir los frutos que Cristo nos ofrece como memorial de la Pascua del Señor

 

ESTRUCTURA GENERAL DE LA MISA

En la Misa o Cena del Señor el pueblo de Dios es congregado, bajo la presidencia del sacerdote, que actúa en la persona de Cristo, para celebrar el memorial del Señor o sacrificio eucarístico. De ahí que sea eminentemente válida, cuando se habla de la asamblea local de la Iglesia, aquella promesa de Cristo: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Pues en la celebración de la Misa, Cristo está realmente presente en la misma asamblea, en la persona del ministro, en su Palabra y de una manera sustancial y permanente en las especies eucarísticas.

En este número, de la OGMR, se describen a modo de definición, los protagonistas y dimensiones teológicas de la Eucaristía: el pueblo de Dios, la presidencia del sacerdote, lo que se celebra, la presencia real de Cristo……

La Misa podemos decir que consta de dos partes: la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística, tan estrechamente unidas entre sí, que constituyen un solo acto de culto, ya que en la Misa se dispone la mesa, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, en la que los fieles encuentran instrucción y alimento. Otros ritos abren y concluyen la celebración.

Al describir, en este número, la estructura de la Eucaristía se afirma que es doble: la Palabra y la Eucaristía, la “doble mesa” a la que se nos invita, que forman un solo acto de culto. Los ritos de apertura o conclusión no tienen tanta importancia como las dos partes centrales.

 

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS Y SU EXPLICACIÓN

Cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras, Dios mismo habla a su pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el Evangelio. Por eso las lecturas de la palabra de Dios, que proporcionan a la Liturgia un elemento de la mayor importancia, deben ser escuchadas por todos con veneración. Y aunque la palabra divina va dirigida a todos los hombres de todos los tiempos y está al alcance de su entendimiento, una mayor inteligencia y eficacia se ven favorecidas con una explicación viva, es decir, con la homilía, como parte que es de la acción litúrgica.

En este número de la OGMR se nos insiste en la atención a las lecturas de la Sagrada Escritura en la celebración eucarística, a la palabra de Dios mismo, pues es Él quien nos habla. Y se menciona por primera vez la Homilía, como explicación y ayuda para celebrar con mayor eficacia la Palabra de Dios.

 

ORACIONES Y OTRAS PARTES QUE CORRESPONDEN AL SACERDOTE

Entre las atribuciones del sacerdote, ocupa el primer lugar la Plegaria eucarística, que es el vértice de toda la celebración. Hay que añadir a ésta las Oraciones, es decir, la Colecta, la Oración sobre las Ofrendas y la Oración después de la Comunión. Estas Oraciones las dirige a Dios el sacerdote actuando en la persona de Cristo, en nombre de todo el pueblo santo y de todos los circunstantes. Con razón se llaman “oraciones presidenciales”.

Igualmente corresponde al sacerdote, como presidente de la asamblea reunida, decir algunas moniciones y fórmulas de introducción o conclusión. Compete asimismo al sacerdote que preside moderar la celebración de la Palabra de Dios y dar la bendición final. También le está permitido introducir a los fieles con brevísimas palabras, tras elsaludo inicial y antes del acto penitencial o en la liturgia de la palabra; en la Plegaria Eucarística, entes del prefacio, pero nunca dentro de la misma; y antes de la fórmula de despedida.

La naturaleza de las intervenciones “presidenciales” exige que se pronuncien claramente y en voz alta, y que todos las escuchen atentamente. Por lo tanto, mientras interviene el sacerdote, no se cante, ni se rece otra cosa, y estén en silencio el órgano o cualquier otro instrumento musical.

El sacerdote no sólo pronuncia oraciones como presidente en nombre de la Iglesia, algunas veces lo hace a título personal, para poder cumplir con su ministerio con mayor atención y piedad. Estas oraciones son: la que se propone antes de la lectura del Evangelio, en la presentación de los dones y antes y después de la comunión del sacerdote, que se dicen en secreto.

 

OTRAS FÓRMULAS QUE SE USAN  EN LA CELEBRACIÓN

Puesto que la celebración de la Misa tiene carácter “comunitario”, tiene una gran fuerza los diálogos entre el sacerdote y los fieles congregados y así mismo las aclamaciones.  Ya que no son solamente señales externas de una celebración común, sino que fomentan y realizan la comunión entre el sacerdote y el pueblo.

Las aclamaciones y respuestas de los fieles a los saludos del sacerdote y sus oraciones constituyen precisamente aquel grado de participación activa que se exige de los fieles reunidos para que quede así expresada y fomentada la acción de toda la comunidad.

Claro que hay otras maneras de entrar en esa comunión  con el misterio, como son el silencio, la escucha activa de la Palabra y la participación en las oraciones y los cantos.

Otras partes que son muy útiles para manifestar y favorecer la activa participación de los fieles son, sobre todo: el Acto Penitencial, la Profesión de Fe, la Oración de los Fieles y la Oración Dominical (Padrenuestro).

Finalmente, en cuanto a otras fórmulas:

a) algunas tienen, por sí mismas, el valor de rito o acto; por ejemplo, el Gloria, el Salmo responsorial, el Aleluya y el Versículo antes del Evangelio, el Santo, la aclamación de la Anámnesis, el canto después de la Comunión.

b) otras, en cambio, simplemente acompañan a un rito, como los cantos de entrada, del Ofertorio, de la fracción  (Cordero de Dios) y de la Comunión

 

MODO DE PRONUNCIAR LOS DIVERSOS TEXTOS

En los textos que han de pronunciar en voz alta y clara el sacerdote o el diácono o el lector o todos, la voz ha de corresponderá la índole del respectivo texto, según se trate de Lectura, Oración, Monición, Aclamación o Canto.

También se invita a tener en cuenta la diversa solemnidad l la índole de las diversas lenguas y la adaptación al carácter de los pueblos.

 

LA IMPORTANCIA  DEL  CANTO

Amonesta el Apóstol a los fieles que se reúnen esperando la venida de su Señor, que canten todos juntos con salmos, himnos y cantos inspirados.  El canto es una señal de euforia del corazón (Hch 2,46). De ahí que san Agustín diga, con razón: “Cantar es propio de quien ama” ; y viene de tiempos muy antiguos el famoso proverbio: “Quien bien canta, ora dos veces”.

Téngase, por consiguiente, en gran estima el uso del canto en la celebración de la Misa. Hay que procurar que no falte el canto de los ministros y del pueblo en las celebraciones de los domingos y fiestas de precepto.

Al hacer selección de lo que se va a cantar, se dará preferencia a las partes que tiene mayor importancia, sobre todo a aquellas que deben cantar el sacerdote, el diácono o el lector, con respuesta del pueblo; o el sacerdote y el pueblo al mismo tiempo.

En igualdad de circunstancias, hay que darle el primer lugar al canto gregoriano, como propio de la Liturgia romana.  No se excluyen otros géneros de música religiosa como la polifonía.

Se dedican estos números de la OGMR a motivar la importancia del canto en la celebración eucarística, siguiendo la Instrucción de la “Musicam sacram”.  Más adelante  se hablará de los cantos en los distintos momentos de la celebración.

 

GESTOS Y POSTURAS CORPORALES

El gesto y la postura corporal, tanto del sacerdote, del diácono y de los ministros, como del pueblo, deben contribuir a que toda la celebración resplandezca por su decoro y noble sencillez, de manera que pueda percibirse el verdadero y pleno significado de sus diversas partes y se favorezca la participación de todos.  La postura corporal es un signo de unidad de los miembros de la comunidad congregada y fomenta la unanimidad de todos los participantes.

Los fieles estén de pie:  desde el principio del canto de entrada hasta el final de la Oración Colecta; el canto del Aleluya que precede al Evangelio, durante la proclamación del Evangelio; durante la Profesión de Fe y la Oración de los Fieles; y también desde la invitación del Orad hermanos que precede a la Oración sobre las ofrendas hasta el final de la Misa, excepto en los momentos que luego se enumeran.

En cambio, estarán sentados durante las Lecturas y el Salmo responsorial que preceden al Evangelio; durante la Homilía y mientras se preparan los dones   en el ofertorio; también, a lo largo del silencio que se observa después de la Comunión.

Estarán de rodillas durante la consagración, a no ser que lo impida la enfermedad o la estrechez del lugar o la aglomeración de los participantes o cualquier otra causa razonable. Y, los que no puedan arrodillarse en la consagración, harán una profunda inclinación mientras el sacerdote hace la genuflexión después de ella.

Respecto  a las posturas concretas durante la Misa:

a) En cuanto a la postura de pie , que es muy propia de la oración, sobre todo sacerdotal, hay una novedad clarificadora: cuando el presidente reza en nombre de la comunidad, todos le apoyan con la misma postura que tiene él: de pie; por eso cuando el sacerdote invita “orad hermanos” la comunidad se levanta y contesta ya de pie.

b)  En cuanto a la postura sentados no hay novedad: es la más adecuada para los momentos que se señalan, porque es la postura de los discípulos que escuchan al maestro y la que favorece el momento de recogimiento después de la Comunión.

c) Se repite la norma que durante la consagración la comunidad esté de rodillas, que es la postura que mejor expresa la adoración.

Las Conferencias Episcopales tienen competencia para poder adaptar estas posturas según la índole de su pueblo o las tradiciones. También pueden decidir si se comulga de rodillas o de pie. Se incluyen también los movimientos o procesiones que se dan en la celebración de la Eucaristía.

 

EL SILENCIO

También, como parte de la celebración, ha de guardarse, a su tiempo, el silencio sagrado.  La naturaleza de este silencio depende del momento de la Misa en que se observa. Así, en el Acto penitencial y después de la invitación a orar, los presenten se recojan en su interior; al terminar la lectura o la homilía, mediten brevemente lo que han oído; y después de la Comunión, alaben a Dios en su corazón.

Es laudable que se guarde, ya antes de la misma celebración silencio en la iglesia, en la sacristía y en los lugares más próximos, a fin de que todos puedan disponerse adecuadamente a las acciones sagradas.

La importancia del silencio  ha quedado más subrayada en la nueva edición del Misal romano. Se  recomienda observar breves momentos de silencio, para ayudar a que podamos escuchar con profundidad la Palabra, personalizar  la oración o prolongar el espacio culminante de la Comunión. Estos momentos de silencio dan a la celebración un ritmo sereno que permita a todos ir sintonizando con lo que se celebran, oyen o dicen.

 

Os dejamos aquí un artículo de la Conferencia Episcopal donde podéis profundizar en el tema:

Celebrar la Eucaristía con el Misal Romano

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