Puesto que la celebración de la Misa tiene carácter “comunitario”, tiene una gran fuerza los diálogos entre el sacerdote y los fieles congregados y así mismo las aclamaciones. Ya que no son solamente señales externas de una celebración común, sino que fomentan y realizan la comunión entre el sacerdote y el pueblo.
Las aclamaciones y respuestas de los fieles a los saludos del sacerdote y sus oraciones constituyen precisamente aquel grado de participación activa que se exige de los fieles reunidos para que quede así expresada y fomentada la acción de toda la comunidad.
Claro que hay otras maneras de entrar en esa comunión con el misterio, como son el silencio, la escucha activa de la Palabra y la participación en las oraciones y los cantos.
Otras partes que son muy útiles para manifestar y favorecer la activa participación de los fieles son, sobre todo: el Acto Penitencial, la Profesión de Fe, la Oración de los Fieles y la Oración Dominical (Padrenuestro).
Finalmente, en cuanto a otras fórmulas:
- algunas tienen, por sí mismas, el valor de rito o acto; por ejemplo, el Gloria, el Salmo responsorial, el Aleluya y el Versículo antes del Evangelio, el Santo, la aclamación de la Anámnesis, el canto después de la Comunión.
- otras, en cambio, simplemente acompañan a un rito, como los cantos de entrada, del Ofertorio, de la fracción (Cordero de Dios) y de la Comunión
El modo de pronunciar los diversos textos
En los textos que han de pronunciar en voz alta y clara el sacerdote o el diácono o el lector o todos, la voz ha de corresponderá la índole del respectivo texto, según se trate de Lectura, Oración, Monición, Aclamación o Canto.
También se invita a tener en cuenta la diversa solemnidad l la índole de las diversas lenguas y la adaptación al carácter de los pueblos.