Cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras, Dios mismo habla a su pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el Evangelio.
Por eso las lecturas de la palabra de Dios, que proporcionan a la Liturgia un elemento de la mayor importancia, deben ser escuchadas por todos con veneración. Y aunque la palabra divina va dirigida a todos los hombres de todos los tiempos y está al alcance de su entendimiento, una mayor inteligencia y eficacia se ven favorecidas con una explicación viva, es decir, con la homilía, como parte que es de la acción litúrgica.
En este número de la OGMR se nos insiste en la atención a las lecturas de la Sagrada Escritura en la celebración eucarística, a la palabra de Dios mismo, pues es Él quien nos habla. Y se menciona por primera vez la Homilía, como explicación y ayuda para celebrar con mayor eficacia la Palabra de Dios.